Archivo de la categoría: Rescates en el tiempo

Cuando las montañas tiemblan

Cuando las montañas tiemblan es un documental que registra los eventos ocurridos días previos al derrocamiento de Jacobo Arbenz, y los eventos posteriores durante los gobiernos militares, narra las injusticias a las que fue sometido el pueblo campesino en el interior de la República y los obreros en la Capital.

Ver las escenas de este documental te deja sin palabras y con un gran nudo en la garganta, la mayoría de estos eventos ocurrieron antes de que yo naciera, y en algunos casos era demasiado pequeño para darme cuenta de las cosas que ocurrían, aún cuando la gente a mi alrededor hablaba de la guerrilla y de enfrentamientos armados en los caminos yo nunca entendí lo que pasaba y casi siempre mis padres trataban de protegerme y estos temas procuraban hablarlos en privado.

Con el tiempo ya de grande y cuando el conflicto terminó, de vez en cuando tenía la oportunidad de escuchar historias de gente que contaba sus experiencias de como el ejército se llevaba gente de los pueblos y estos nunca regresaban. Asi fue como me enteré de aquel pueblo en Chimaltenango que hasta el día de hoy se encuentra deshabitado, un pueblo donde mataron a la mayoría de gente con una saña espantosa, me costó mucho creer aquella historia y le di credibilidad solo porque me la contó uno de los bomberos que estuvo en el grupo de bomberos que llegaron a recoger los cadáveres.

Hoy tenemos este documental que debe ser visto por los Guatemaltecos, debe ser visto y entendido porque esa es la única manera de entender a Guatemala, es la única manera de entender porque la gente del interior del país es como es, y de alguna manera nos acerca más a ellos y nos da una luz para entender su dolor y sus temores.

el resto del documental lo puedes ver en youtube en estos links:

Parte3, parte4, parte5, parte6, parte7, parte8, parte9(final)

Monólogo de Ocosingo a San Cristóbal

Este es un artículo que leí en 1995 en el periódico que distribuía la Asociación de Estudiantes de Ingeniería, el artículo es una copia del original publicado en Enero de 1994 en La Jornada de México, su contenido me impactó mucho y recorté el pedazo de papel que lo contenía, han pasado más de 10 años de eso, lo he encontrado haciendo depuración de las cosas viejas que tengo guardadas en cajas, aún me impacta y por eso lo copio tal cual lo leí.

Eva Bodenstendt, San Cristóbal de las Casas, 12 de enero de 1994.

[La Jornada, México, 13 de febrero de 1994, pág. 7].

Crónica de un monólogo en la ruta de Ocosingo a San Cristóbal..

Una combi colectiva, teatro de sordos.

«¡Eres prensa! ¿Quieres que te diga? ¿Quieres que te cuente? Pues escucha, que te voy a decir lo que es ser indio, te voy a contar la vida de un indígena». Seis pasajeros enmudecen, se comen sus últimas palabras ante el grito amenazante de un hombre.

En la combi que apenas deja atrás un Ocosingo angustioso para ir a un San Cristóbal habitado de espera, no se va a escuchar más voz que la de Elías.

Ya antes de partir, su estado de ánimo se impone cuando desesperado golpea la caja musical donde un Chaplin se mueve al ritmo de las notas. «Se lo llevo de regalo a mi hijo Homero», anuncia, y las miradas se vuelven hacia otro lado; evitarán toda la travesía cruzarse con la del indio Elías.

«¡Eres prensa!», vuelve a gritar clavando sus palabras en la esperanza de comunicarse y el conductor le recuerda que lo subió con el compromiso de que se comportara. Elías calla y toma un trago generoso de su cerveza. Guarda la cajita musical y espera a que Ocosingo se pierda tras las curvas para volver su rostro hacia el asiento de atrás.

Su aliento deja inmóvil a un cuarentón que a su lado teme un inoportuno encuentro. Elías mira un momento el perfil simuladamente inexpresivo y emite unas palabras y recuerdos.

«Mis abuelos fueron acasillados de Jorge de la Vega Domínguez. También estaban ahí mis familias. Todos trabajábamos su tierra. Mi tía no sabía trabajar y le pusieron los dedos en el comal. Todavía vive y todavía los tiene quemados. Yo como hijo fui entendiendo. Los domingos llevaba los guajolotes a vender al mercado de San Cristóbal. Aquí arriba en la cabeza lo cargaba, estaba yo bajito», sus manos muestran la estatura de entonces y se posan sobre el hombro del vecino.

No hay reacción, no se aleja, ningún nervio de su cuello, ninguna expresión se atreve a mostrar disgusto. El silencio de los pasajeros es un teatro de sordos.

«Luego mi abuelita compró tierra siendo la mitad de la cosecha para un patrón. Las gallinas tampoco valían. Los rancheros no querían pagar cinco pesos por una, sino cuatro. Yo no se las daba. Siempre quieren pagar menos por todo, con tierra y gallinas seguimos siendo despojados. Lo que producía el indio lo acaparaba el ranchero y el indio no podía decir nada porque lo golpeaban.

«Entonces -enfatizó- era el 1970 y yo era niño. Ayer cumplí los 37 y ya viví lo que es la marginación».

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Días de bautizos – parte final

A eso de las 8 AM todo estaba listo para que comenzara el bautizo, las cámaras de los telediarios rondaban afuera del edificio filmando hacia el salón donde estábamos, un estudiante se bajo la ropa para mostrarle el trasero a las cámaras, todos gritaban, ya no cabía un estudiante más en ese salón. Una delegación de los derechos humanos había llegado a presenciar que todo se realizara en “orden”, en fin todas los grandes actores ya habían hecho presencia, únicamente faltaban unas instrucciones finales.

contraseña de butizo 1995

Un encapuchado entro al salón y nos dijo “Cada padrino tiene un número escrito en un listón amarrado al brazo, si alguno de ellos se esta pasando con ustedes pueden denunciarlo a nosotros el comite de orden”, todos comenzaron a burlarse, como respuesta el encapuchado desenfundo un revolver que traía oculto bajo la sotana como diciendo “estamos preparados para la ocación”.

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Días de Bautizos – II

El día ‘D’

Para el día del bautizo habíamos acordado con cinco amigos reunirnos afuera de la universidad a las 6 de la mañana, habíamos hecho labor de investigación y acordamos que lo mejor sería llegar bien temprano ese día.

Yo fui uno de los primeros en llegar, al poco tiempo fueron apareciendo de uno en uno los demás compañeros, La mamá del chorris nos iba a hacer el favor de guardar la ropa que usaríamos después del bautizo. Llegamos vestidos con ropas y zapatos viejos pues ya sabíamos que esa ropa nunca más la volveríamos a ver y los zapatos después de aquel día quedarían inservibles.

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Días de bautizos – I

El asecho previo al asalto final.

Al grito de “HIJOS DE PUTA!!!” la clase fue abruptamente interrumpida, enseguida alguien lanzó un fajo de cuetillos(ametralladora) al interior del salón, los estudiantes que estaban cerca de la entrada saltaron para ponerse a salvo de las explosiones, afuera se escuchaban carcajadas y gritos de “NUEVOS!!! NUEVOS!!”. El catedrático, Ingeniero Héctor de León quien por aquellos días era candidato a Rector de la Universidad, no oculto su disgusto frente a la clase y una vez que regreso la calma se dirigio a nosotros en tono muy serio “Jóvenes, no perpetuen ese comportamiento salvaje, no olviden lo que les digo porque el año que viene ustedes van a tomar la decisión de hacer o de no hacer lo que acaba de suceder hoy aquí, ¿que es eso de que les vengan a gritar hijos de puta? hay que tener dignidad, esta es una casa de estudios…”

Eso era el comienzo del asecho que sufriríamos los estudiantes de primer ingreso al menos durante dos semanas antes del bautizo.
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